lunes, 9 de diciembre de 2013

Catedral de Santiago de Compostela

El envoltorio barroco oculta la joya románica.

Planta e interior (1075-1122)

El origen de esta gran complejo se encuentra en el supuesto hallazgo del cuerpo de Santiago el Mayor en el siglo IX en lo que se llamará Campo de la Estrella (Compostela). Este apóstol habría predicado en Hispania, por lo que tras su martirio en Palestina sus discípulos habrían trasladado sus restos a Iria Flavia, en Galicia.

La actual catedral sustituye a otras anteriores, y fue iniciada por el obispo Diego Peláez en 1075. Tras una suspensión de las obras debidas al enfrentamiento con el rey Alfonso VI, será el poderoso obispo Diego Gelmírez el que las continúe. En 1105 la cabecera y el transepto están concluidos y la catedral es consagrada. En 1122 estará prácticamente terminada.

La catedral de Santiago es un perfecto ejemplo de iglesia de peregrinación. El cuerpo principal lo constituyen tres largas naves divididas en diez tramos; la nave principal alcanza una anchura de unos 8 m., por 4 m. de las naves laterales. Idéntica disposición adopta el transepto, con tres naves de cinco tramos y dos absidiolos por brazo en el muro oriental. Las dos naves laterales se prolongan tras el crucero, en un deambulatorio compuesto de tres tramos rectos y un semicírculo, que rodea el ábside con la Capilla Mayor, donde se encuentra la imagen del Apóstol. Los muros externos del deambulatorio se abren en otras cinco capillas radiales o absidiolos de las cuales la central es la más antigua.

En Santiago, como en las iglesias de peregrinación, adquiere gran relevancia la galería alta o tribuna, que corre por encima de las naves laterales tanto en el cuerpo de la nave principal como en el transepto. Esta galería recibe la luz directamente del exterior y la transmite a la nave central.

En alzado, la basílica compostelana se caracteriza por la altura que adquieren las naves en relación con su anchura y que superan la relación 2:1 habitual en el románico, llegando casi a alcanzar la de 3:1 con los 22 m. de la nave central. El cierre del espacio se realiza con bóveda de medio cañón reforzada con arcos fajones en la nave central longitudinal y en la del transepto, y bóvedas de arista en las naves laterales separadas por arcos fajones. Los ábsides disponían de bóvedas de horno, y en la tribuna se utiliza una bóveda de cuarto de círculo, que tiene la función de transmitir los empujes de la cubierta al muro perimetral. Los siete tramos trapezoidales en los que se divide el deambulatorio se cubren con bóvedas cuyas aristas curvilíneas se cruzan en desproporcionados espacios que se abren hacia el muro perimetral y que se cierran hacia los pilares del transaltar.

Aunque el interior de la Catedral ha sufrido reformas posteriores, conserva las características y la impronta del estilo románico; sin embargo, el exterior ha variado por completo desde la época de Diego Gelmírez. De los tres grandes pórticos originales sólo se conserva el meridional de las Platerías, y considerablemente transformado. El más importante, el occidental, será rehecho por el Maestro Mateo en el último tercio del siglo XII.

Las reformas y ampliaciones de la Catedral de Compostela prosiguen a lo largo de los siglos, principalmente para mejorar su aspecto exterior. De entre estas mejoras destacan el cimborrio gótico con el que se cubrió el crucero en el s. XV. En el s. XVI se transformaron y construyeron capillas. El claustro se terminó en el s. XVII. En la segunda mitad del s. XVIII se construye la fachada de la Azabachería, y por fin, se transforma la austeridad románica de la fachada occidental con la apoteosis barroca: la fachada del Obradoiro, que cierra la vida creativa de una de las obras arquitectónicas más representativas del estilo románico.
Reconstrucción ideal del exterior
Reconstrucción de la cabecera
Reconstrucción de la fachada occidental
Sección longitudinal
Sección de la cabera
Pórtico de la Gloria
Nave central
Nave lateral y tribunas
Transepto
Crucero, con el cimborrio gótico
Las tribunas
El interior de las tribunas en una fotografía de 1896

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