miércoles, 29 de enero de 2014

Brunelleschi: Cúpula de la catedral de Florencia



51,70 de diámetro y 105,5 m de altura. Construida entre 1417 y 1420, a falta de la linterna.

La actual catedral de Santa Maria del Fiore comenzó a construirse en el siglo XIII en estilo gótico, y  a lo largo de los años intervinieron en los trabajos artistas de la talla de Giotto. Sin embargo, estaba previsto que sus tres naves desembocaran en un enorme espacio centralizado (de unas dimensiones comparables a las del viejo Panteón) que debería cubrirse con una cúpula. La técnica gótica basada en la bóveda de crucería parecía incapaz de realizarla.

Filippo Brunelleschi encontrará una solución tras estudiar las antiguas técnicas constructivas romanas. Sobre un poderoso tambor octogonal rasgado por ventanas circulares, eleva una cúpula de complejo perfil en forma de curva parabólica, de radio cambiante. Está formada por ocho nervios angulares y dos más en cada paño, ligados entre sí por una decena de anillos concéntricos. Esta estructura sostiene una doble cúpula, más ojival la exterior y más esférica la interior. Ambas contribuyen a contrarrestar las fuerzas, al igual que los ábsides y exedras dispuestos en torno al tambor, siguiendo ejemplos romanos y bizantinos.

El resultado, con un aspecto todavía algo gotizante, es novedoso. La cúpula ha sido construida sin ayuda de cimbras: la propia estructura se sostiene a sí misma durante el proceso de construcción. Además el peso de la propia cúpula es muy inferior a las realizadas por medios tradicionales. Por otro lado, supone la recuperación del espacio centralizado monumental, de resonancias clásicas, que va a ser el preferido durante el Renacimiento. Por último, al superponerla a un elevado tambor se realza su silueta, aunque se aleja de los admirados modelos clásicos.

En 1438 se convoca otro concurso para la realización de la linterna superior. De nuevo vence Brunelleschi, aunque muere antes de poder terminarlo. Posee una planta también octogonal y utiliza el mármol blanco como elemento constructivo. En cada lado del octógono y entre pilastras corintias, se abre un estilizado arco de medio punto sobre columnas. Se corona con un chapitel cónico. Para contrarrestar los empujes se rodea de pequeños contrafuertes.

Las sucesivas plantas
Planta y sección
Estructura de la cúpula
Conjunto: los elementos laterales contribuyen a la estabilidad de la obra.
La cúpula
Otra vista de la cúpula, dominando la ciudad de Florencia
El tambor en relación con la nave.
Cáscara exterior
La linterna. Los turistas nos dan idea de la escala.
En la linterna.
Interior
Entre las dos cúpulas...
El crucero y la nave.
El interior de la cúpula.
Las pinturas del interior son del siglo XVI. Intervinieron entre otros Giorgio Vasari, Federico Zuccaro y Domenico Cresti

Uno de los autores de las pinturas que decoran la cúpula fue nuestro conocido Giorgio Vasari, que se ocupó de Brunelleschi en su Vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos. Entresacamos algunos pasajes de interés:

El viaje a Roma
        Después de que (Brunelleschi) hubo vendido una pequeña granja que tenía en Settignano, salieron de Florencia y fueron a Roma, en donde, viendo la grandiosidad de los edificios y la perfección de los templos, Filippo se quedaba parado como un hombre fuera de juicio. Y tomaba medidas para las cornisas y sacaba las plantas de esos edificios, y ni él ni Donato (Donatello) dejaron de trabajar continuamente, sin ahorrar tiempo ni gastos. No había lugar, ni en Roma ni fuera en la Campiña, donde no salieran a visitarla, ni nada bueno que no midieran y encontraran. Y puesto que Filippo estaba libre de cuidados domésticos, dio el resto de su cuerpo y alma al estudio, no pensando en comer o dormir, atento a una cosa solamente a saber, la arquitectura, que estaba muerta ahora (quiero decir los buenos órdenes antiguos, y no el alemán bárbaro, que se hacía mucho en su tiempo).
        Tenía en su cabeza dos grandes ideas, uno que debía restaurarla para sacar a la luz la buena manera de la arquitectura, puesto que él creyó que si podía recuperarla no sería menos que Cimabue y Giotto en lo que habían hecho; y la otra, era encontrar un método para levantar la cúpula de Santa María del Fiore en Florencia, paralizada después de la muerte de Arnolfo Lapi, ya que nadie era lo bastante valeroso para levantarla por el gasto de los andamios de madera. No compartió esta idea con Donato ni con ningún alma viva. No dejó Roma hasta que había considerado todas las dificultades conectadas con la Rotonda (el Panteón), preguntándose con que procedimiento fue levantado. Había observado y había dibujado todas las cúpulas antiguas, y estaba constantemente estudiándolas; y si por ventura se encontraban pedazos de capiteles, de columnas, de cornisas, y cimientos enterrados en los edificios, hacía excavarlas para examinarlas a fondo. Tanto que un rumor se propagó a través de Roma, y cuando pasaban a través de las calles, desaliñados por el trabajo eran llamados los buscadores del tesoro, y la gente creía que eran personas que estudiaban geomancia para descubrir el tesoro; y esto era porque un día encontraron un florero antiguo de loza de barro lleno de medallas. Filippo corto ya de dinero, lo lograba fijando las joyas para ciertos orfebres que eran sus amigos; y así se quedó solo en Roma, porque Donato volvió a Florencia, mientras que él, con mayor tesón y trabajo que antes, seguía investigando las ruinas de esos edificios. Ni cejó hasta que había dibujado toda cada clase de edificios templos redondos, cuadrados, y octagonales, basílicas, acueductos, baños, arcos, coliseos, anfiteatros, y cada templo construido con ladrillos, de los cuales copió los métodos de atarlos y de afianzar, y también de construir bóvedas con ellos; y observó las maneras de hacer edificios seguros atando las piedras juntas con barras del hierro, y ensamblándolas a cola de pato; y, descubriendo un agujero ahuecado hacia fuera en el centro de cada gran piedra, encontró el medio para sujetarlas con un instrumento de hierro, que es llamado por nosotros la ulivella, con el que se elaboran las piedras; y esto él lo reintrodujo y luego lo trajo en uso. Distinguió los diversos órdenes uno de otro: dórico, jónico, y corintio; y tan entusiasta era en su estudio que su intelecto llegó a ser capaz de considerar Roma en la imaginación cuando no estaba en ruinas. [...]

Los planes para la cúpula
        Filippo solamente dijo que podría ser levantado sin tanta artesanía en madera, sin las pilastras, sin tierra, y sin gasto tan grande en tantos arcos, más fácilmente sin armazón. A los cónsules, que esperaban oír hablar de algo hermoso y cierto, y a los custodios de los trabajos y a todos esos ciudadanos, les pareció que Filippo había hablado como un tonto; y se rieron dándose la vuelta, pidiéndole que dijera algo más, ya que que éste era el plan de un loco. Con lo cual Filippo, sintiéndose afrentado, contestó: «Mis señores, me resta aseguraros que no es posible levantar la cúpula de ninguna otra manera que ésta; y aunque os riais de mí, llegaréis a reconocer, a menos que seáis obstinados, que ni debe ni puede ser hecho de cualquier otra manera. Y es necesario, para erigirla de la manera que he pensado: debe ser dada la vuelta con la curva de un arco de cuarto de punto, y debe ser hecho doble, una cúpula interior y otra exterior, de tal manera que un hombre pueda caminar entre la una y la otra. Y en el excedente de las esquinas de los ángulos de los ocho lados en todo su grosor deben ensamblarse a cola de pato las piedras, y sus lados, asimismo se deben ceñir alrededor con tirantes de madera. Y es necesario pensar en las luces, en las escaleras, y los conductos por el que el agua de lluvia pueda escurrir; y ninguno se ha acordado de levantar andamios dentro, para que sean hechos los mosaicos, junto con un número infinito de dificultades. Pero yo que la veo levantada, sé que no hay otro método y ninguna otra manera de levantarla que la que os estoy describiendo». Y creciéndose mientras hablaba, cuanto más exponía su concepto, intentado que lo entendieran y creyeran, más dudaban de su diseño, de modo que le creían cada vez menos, y, ya lo tenían por un asno y un charlatán. Con lo cual fue despedido varias veces y finalmente rechazado, y varios criados se lo llevaron fuera de la audiencia, dándole por enteramente loco; y ésta afrenta era la razón por la que Filippo decía luego que él no se atrevía a pasar por ninguna parte de la ciudad, por el miedo a que alguien pudiera decir: ahí va el loco.
        Los cónsules permanecían en el compartimiento de audiencias todo confusos, por los métodos difíciles de los maestros primeros y por este último método de Filippo, que pensaron absurdo, porque parecía que no era lógico de dos maneras: primero, haciendo una doble cúpula, que implicaba un enorme y poco manejable peso; y en segundo lugar, haciéndola sin un armazón. Por otra parte, Filippo, que había pasado muchos años de estudio para obtener el encargo, no sabía qué hacer y estuvo tentado a menudo de salir de Florencia. Sin embargo, deseando ser el ganador, se forzó a armarse de paciencia, teniendo conocimiento bastante para saber que los pensamientos de los hombres de esa ciudad no son muy firmes ni resueltos. Filippo podía mostrar un pequeño modelo que él tenía, pero no deseaba hacerlo público, sabiendo la poca inteligencia de los cónsules, la envidia de los artesanos, y la inestabilidad de los ciudadanos, que ahora favorecían a uno y ahora otro; y no me maravillo en esto, puesto que cada hombre en esa ciudad profesa saber tanto en estas materias como los maestros experimentados saben, aunque los que entienden de verdad son solamente pocos; y dejo esto dicho sin ofensa a los que si tienen conocimiento. [...]

El encargo
       Filippo, acabando de escribir todo lo que está arriba, entró por la mañana al tribunal y le dio ese papel, que estudiaron de extremo a extremo. Y aunque no podían entenderlo todo, al ver la preparación de la mente de Filippo, y percibir en aquél lo que no en los otros arquitectos, estar con los pies en el suelo, demostrando confianza en su discurso, repitiendo siempre la misma cosa que tal parecía de cierto que él había levantado diez cúpulas. Los cónsules, firmaron a un lado, para encargarle el trabajo, y aprobaron el resto de cosas diciendo solamente que quisieran ver alguna demostración de cómo esta cúpula se podría levantar sin el armazón. [...] Y los cónsules y los custodios de los trabajos, estando asegurado por escrito y por el trabajo que habían visto, le encargaron la cúpula, haciéndole maestro principal por el voto con las habas. Pero lo contrataron para doce brazos de altura, diciéndole que deseaban ver cómo el trabajo tenía éxito, y que si lo tenía tan bien como él prometió podrían encargarlo hacer el resto. Le parecía cosa extraña a Filippo ver la gran obstinación y desconfianza en los cónsules y los custodios, y, si no hubiera sido que él se sabía el único hombre capaz de ejecutar el trabajo, no habría puesto su mano en ella. Deseando ganar la gloria de su construcción, comenzó y se comprometió para terminarla a la perfección. Su declaración escrita fue copiada en el libro de los proveedores donde se guardan las cuentas de los deudores y de los acreedores para la madera y el mármol, junto con el compromiso dicho; y empezaron a entregarle el mismo dinero que habían dado hasta entonces a los otros maestros. [...]

Las estratagemas de Brunelleschi
        [Sin embargo, las autoridades imponen un segundo arquitecto (y gran escultor), Lorenzo Ghiberti. Brunelleschi noquiere compartir sus ideas y la fama que espera obtener, e idea un medio para intentar librarse de él.]
        Una mañana, Filippo no llegó al trabajo, se vendó la cabeza y se metió en la cama, y continuamente gritaba que le pusieran paños calientes, fingiendo tener dolor de costado. Oído esto, los maestros que esperaban instrucciones para trabajar, demandaron a Lorenzo como tenían que seguir. Respondió que era Filippo quien lo decía y que era necesario esperarlo. Por lo que le dijeron: «Pero no sabes sus intenciones?» «Sí -dice Lorenzo- pero no haré nada sin él». Y esto dijo excusándose, no conociendo el modelo de Filippo y por no haber nunca preguntado, para no parecer ignorante, sobrepasado por esta obra al hablar de esto, respondía, que no quería contradecir la voluntad de Filippo. El cual ya llevaba muchos días enfermo, y yendo a verle los proveedores de la obra y los jefes albañiles, continuamente le pedían que les dijera lo que tenían que hacer: «Si tenéis a Lorenzo, que trabaje un poco», y no sacaban nada más. Entonces empezaron a hablar y a juzgar las culpas sobre la obra; algunos decían que Filippo se había puesto en la cama con dolor porque no tenía el espíritu suficiente para volver; y que se arrepentía de haber comenzado. Y sus amigos lo defendían, diciendo que tenía razón en estar enfadado, por la villanía de haberle puesto a Lorenzo como igual; y que el dolor de costado estaba causado por los muchos esfuerzos de la obra.
       Todo era rumores y hablar en el trabajo, ya paradas casi todas las obras de albañilería y cantería; y murmurando contra Lorenzo decían: «Bien rápido que es para llevarse el sueldo, pero para ordenar el trabajo no. ¿Y si Filippo no regresara, o si tuviera enfermedad para largo, cómo lo harían? ¿Qué culpa va a tener, si está malo?» Los custodios, avergonzados ante la situación, decidieron ir a ver a Filippo; y llegados, confortándolo de su mal, le dijeron el desorden en que se encontraba la obra y los tormentos que les habían llegado con su enfermedad. Les contestó Filippo con palabras apasionadas fingiendo su mal: «Pero ¿y Lorenzo? ¿no está allí? Yo me asombro tanto como vosotros». Entonces le dijeron los custodios: «Es que no quiere hacer nada sin ti». Respondió Filippo: «Pues yo, sin embargo lo haría bien sin él». La respuesta sutil y velada; les dejó conocer que tenía malquerer solamente.

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