sábado, 11 de enero de 2014

Virgen Blanca de la catedral de Toledo


Escuela francesa. Mármol policromado y dorado. Siglo XIV. 153 cm.

Imagen exenta de bulto redondo, de tamaño algo menor al natural, que se encuentra en el coro de la catedral de Toledo. Es una escultura de mármol, policromada, de procedencia francesa, y correspondiente al estilo internacional. Su cuerpo alargado y sus formas delicadas son características de este período. Sonriente, la Virgen se inclina para recibir la caricia del Niño, que le acaricia la barbilla mientras sostiene con la otra mano un fruto.

Sus característicos ojos rasgados, las proporciones, la actitud y los gestos son naturales, y nos revelan el nuevo humanismo del gótico. Hay una preocupación patente por representar con propiedad los movimientos humanos (la Virgen echa el torso hacia atrás para compensar el peso del Niño; éste agita las piernas), y la disposición y caída de los pliegues de los ropajes. Las figuras no están aisladas entre sí: se comunican mediante la mirada y los gestos.

Todo ello es testimonio de la nueva sensibilidad estética y religiosa que ya ha triunfado plenamente, y que queda manifiesta si la comparamos con las Vírgenes románicas en las que aparece como trono de la Sabiduría. Ha cedido importancia lo puramente intelectual y simbólico, y ahora predomina lo sensible y emotivo, lo que explica el triunfo del naturalismo. Ahora bien, este naturalismo se moverá con facilidad desde lo grato e idealizado hasta lo dramático y patético.


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