jueves, 13 de febrero de 2014

Giorgione: La Tempestad

Galería de la Academia (Venecia)

Óleo sobre lienzo, 78 por 72 cm. 1510. Galleria dell'Academia (Venecia)

Es un cuadro enigmático, de incierta interpretación. En un repertorio de 1530 aparece como «Paisaje en lienzo con una tempestad, una gitana y un soldado». El escenario es el campo, junto a unas ruinas. Al fondo vemos un río con un puente rústico, y los límites de una ciudad (casas, murallas, cúpulas y torres). A la derecha está entre los arbustos una mujer semidesnuda que amamanta a un niño y nos interpela con la mirada. A la izquierda, un joven bien vestido con una larga vara la observa. Por último, el cielo tormentoso con el resplandor de un relámpago, que domina y tiñe toda la escena.

Formalmente la obra presenta una gran riqueza de colorido, típicamente veneciano. Giorgione aplica un sfumatto leonardesco con gran maestría: los colores se difuminan en luces y sombras. Pero el escenario predomina sobre la escena representada. Está presente una nueva percepción del paisaje, en función del cual parecen estar los personajes.

No existe un consenso en cuanto al significado, que posiblemente recoge un asunto mitológico. Podría representar a Paris, hijo del rey Príamo de Troya, abandonado a consecuencia de que su madre ha soñado dar a luz un leño inflamado; será alimentado por una osa y hallado por un pastor. Otra interpretación identifica a los personajes con Venus, que ha tenido a Eneas como consecuencia de sus amores con Anquises, ciudadano de Troya; la tormenta simboliza la destrucción de esta ciudad, de la que sólo ellos se salvarán gracia a la protección de la diosa. Otros consideran que representa la expulsión del Paraíso, al que representaría la ciudad; los personajes serían Adán, Eva y Caín; el relámpago, la expulsión divina. Para Wickhoff representa a Adrasto e Hipsipila, según un poema de Estacio, etc.








Y Vasari nos cuenta algo más:

Mientras Florencia adquiría semejante fama con las obras de Lionardo, la habilidad y excelencia de un ciudadano demostró ser no menor adorno para Venecia. Éste superó en mucho a Bellini, a quien tenían en gran estima los venecianos, y a todos los que habían pintado en dicha ciudad hasta ese momento. Se llamaba Giorgio y había nacido en Castelfranco, en el Trevisano, en 1478, siendo Dux Giovanni Mozenigo, hermano del Dux Piero. Por su corpulencia y su gran inteligencia le llamaron luego Giorgione. Aunque era de cuna muy humilde, sus modales fueron gentiles y delicados durante toda su vida. Se crió en Venecia, deleitándose constantemente con las cosas del amor y le gustaba muchísimo tocar el laúd y cantar; lo cual hacía tan divinamente, que con frecuencia lo invitaban a las reuniones musicales y a las fiestas en casa de nobles personajes. Estudió dibujo, disfrutándolo mucho; la naturaleza lo había dotado extraordinariamente, y estaba tan enamorado de las cosas bellas, que jamás ponía en sus obras algo que no hubiera tomado del natural. Y a tal punto seguía a la naturaleza y tan cuidadosamente la copiaba, que no sólo adquirió fama de haber sobrepujado a Gentile y Giovanni Bellini, sino que rivalizó con los maestros toscanos, creadores del estilo moderno. Giorgione había visto algunas pinturas de Lionardo, muy esfumadas y obscuras, como dijimos, y esta manera le agradó tanto, que mientras vivió la imitó cuidadosamente en la pintura al óleo. Sagaz valorador de todo lo bueno, seleccionaba para sus cuadros todo lo más hermoso y variado. La naturaleza le dio tan favorable espíritu, que descolló en el óleo como en el fresco, haciendo ciertas cosas de color muy vivo y otras tan suaves y armoniosas, y con sombras tan vaporosas, que muchos artistas de reconocida reputación admitieron que había nacido para infundir alma a sus figuras e imitar la frescura de la carne viviente, mejor que cualquier otro pintor, no sólo de Venecia, sino de todas partes. [...]
Mientras Giorgione obtenía de esta suerte honra para su patria y para sí mismo, iba con frecuencia a reuniones sociales para entretener a sus numerosos amigos tocando música, y se enamoró de una dama. Mucho gozaron uno y otra de sus amores. Mas, en 1511, ella contrajo la peste y Giorgione, ignorando esto, siguió viéndola como de costumbre. Se contagió, pues, y poco después murió a la edad de treinta y cuatro años, causando infinito pesar a sus numerosos amigos -que lo amaban por su talento- y gran perjuicio al mundo, que lo perdía. Mas se toleró el daño y la pérdida porque Giorgione dejó a dos excelentes discípulos: Sebastiano de Venecia, que luego fue fraile del Piombo, en Roma, y Tiziano de Cadore, que no sólo igualó sino que superó a su maestro. Más adelante se hablará de ellos, y de la honra y el beneficio que confirieron al arte.

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